Suplementación de micronutrientes, ¿sí o no?

De acuerdo con la teoría dietética moderna, los nutrientes que consumimos todos los días para mantener nuestro organismo en forma y saludable se subdividen en dos componentes principales: macronutrientes y micronutrientes.

Los macronutrientes incluyen carbohidratos, grasas y proteínas, que se consumen en cantidades relativamente grandes a través de los diferentes alimentos y son importantes para la producción de energía y como elementos estructurales para nuestros cuerpos. Sin embargo, para asegurar que nuestras células funcionan correctamente y que las diversas funciones corporales se cumplan con normalidad, también necesitamos micronutrientes. A pesar de que estos no actúan como una fuente directa de energía y están presentes en el cuerpo sólo en cantidades muy pequeñas, son sin embargo un componente vital de nuestra dieta. Una deficiencia de micronutrientes o una ingesta desequilibrada favorecen el desarrollo de enfermedades crónicas y aceleran los procesos de envejecimiento. Dado que nuestro organismo solo es capaz de almacenar muy pocas cantidades de estas sustancias, un suministro inadecuado resulta relativamente rápido en síntomas de deficiencias. Estos resultados pueden ocasionar muchos trastornos metabólicos que aumentan el riesgo individual de desarrollar enfermedad.

La falta de macronutrientes se hace evidente muy rápidamente, por ejemplo porque nos sentimos hambrientos o fatigados. Por el contrario, una deficiencia de micronutrientes inicialmente pasa prácticamente desapercibida y no es hasta que los síntomas de la deficiencia se han vuelto serios cuando observamos los primeros síntomas: nerviosismo, irritabilidad, mala cicatrización de heridas, calambres en las piernas o dolores de cabeza. Nuestro organismo apenas puede producir ninguno de los micronutrientes, por lo que deben ser suministrados a través de la alimentación.

Suplementos alimenticios, ¿útiles o dañinos?

Esta es una cuestión que ha causado controversia entre los expertos en nutrición durante muchas décadas y ha separado a los defensores y opositores en dos campos, en particular porque los estudios han aportado pruebas tanto en apoyo como en contra de los complementos alimenticios.
Una de las principales razones de esto es que los estudios clínicos aleatorios han demostrado que, por ejemplo, el beta-caroteno, la vitamina E, e incluso el oligoelemento selenio no proporcionan protección contra el cáncer pero pueden, en ciertas circunstancias, incluso aumentar el riesgo de enfermedad.
Desafortunadamente, la mayoría de estos estudios se han centrado sólo en un micronutriente individuales en aislamiento. El hecho, sin embargo, es que los efectos de los micronutrientes a menudo se mejoran cuando están presentes en combinación con otros micronutrientes.
Para llevar a cabo su función metabólica, las vitaminas E y A requieren la presencia de vitamina C; Las diferentes vitaminas B apoyan otras acciones y son activadas por el zinc; el ácido fólico requiere vitaminas B12 y C para tener un efecto óptimo; los ácidos grasos omega 3 necesitan vitaminas para protegerlos contra la oxidación; mientras que el selenio mejora el efecto Q10, por nombrar sólo algunos ejemplos.

Por lo tanto, los complementos alimenticios no deben ser condenados. En caso de enfermedad o una deficiencia genuina son a menudo una necesidad. Por lo tanto, si es de valor o no consumir este tipo de preparación es crucialmente dependiente del estado nutricional y estado de salud de cada individuo.

Silvia Bürkle

Asesora Médico para el Balance Metabólico

Bibliografía:

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*Imagen de http://elfarmaceutico.es/

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