Hígado graso no alcohólico y sus consecuencias

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Desde hace mucho tiempo se corrió la voz de que las personas que padecen obesidad – sobrepeso tienen un mayor riesgo de diabetes mellitus tipo 2, presión arterial alta, trastornos del metabolismo de los lípidos, cáncer y enfermedades cardiovasculares. La investigación y los estudios llevados a cabo en el pasado muestran claramente que la obesidad no solo es decisiva para el desarrollo de diversas enfermedades donde el tejido graso se asienta cada vez mas. Hace unos años, científicos del Centro Alemán para la Investigación de la Diabetes en Tübingen descubrieron que el hígado graso no alcohólico, que cada vez es más común, juega un papel importante en el desarrollo de enfermedades.

En los países industrializados, casi uno de cada tres adultos ya tiene un hígado patológicamente obeso. Esto no solo aumenta el riesgo de desarrollar cirrosis hepática o cáncer de hígado, sino también la probabilidad de desarrollar diabetes mellitus tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. En sus investigaciones, los investigadores de Tübingen pudieron demostrar en gran medida la conexión y el mecanismo entre el hígado graso y las enfermedades secundarias resultantes. Un hígado graso también puede cambiar su comportamiento de secreción, ya que produce más glucosa, grasas desfavorables y proteínas como hepatokin Fetuin-A. Estos ingresan al torrente sanguíneo y tienen un efecto negativo en otros órganos como el páncreas y los riñones. Hepatokin-Fetuin-A, la proteína liberada por el hígado en particular, desencadena procesos inflamatorios.

La influencia de Hepatokin Fetuin-A en el tejido graso pancreático se investigó en el laboratorio utilizando cultivos celulares. Para este propósito, las células progenitoras (células de grasa inmaduras) en el tejido graso del páncreas se trataron con Fetuin-A en cultivos celulares. Estos, como células de grasa maduras del páncreas en interacción con las células progenitoras, luego liberaron cada vez más marcadores de inflamación y atrajeron las células inmunes. Además, las muestras de tejido examinadas histológicamente de 90 pacientes mostraron que el número de células inmunes aumentó significativamente en pacientes con una gran cantidad de tejido graso pancreático y también se asoció con una actividad pancreática reducida.

El funcionamiento de los riñones también se ve afectado por Fetuin-A, como se informa en la revista científica “Informes Científicos”. El tejido graso en y alrededor de los riñones toma tareas de protección. La mayor presencia de Fetuin-A en la sangre contribuye a un cambio patológico en el tejido graso, es decir, se desencadenan procesos inflamatorios que pueden deteriorar la función renal.

Un cambio en la dieta puede lograr buenos resultados en los casos de hígado graso no alcohólico. Un estudio realizado por el Prof. Dr. Andreas Pfeiffer y su equipo en el Instituto Alemán de Nutrición Humana en Potsdam mostró que una dieta alta en proteínas redujo la grasa hepática hasta en un 48 por ciento en seis semanas en pacientes con diabetes mellitus tipo 2. No Fue necesario limitar la cantidad de alimento, ni era relevante si el alimento se basaba principalmente en proteína vegetal o animal. La sensibilidad a la insulina de los sujetos también mejoró significativamente.

Estudios realizados en paralelo por investigadores del Centro Alemán de Diabetes bajo la dirección de la Prof. Dra. Annette Schürmann han demostrado que las grasas hepáticas pueden reducirse mediante ayuno intermitente o pausas más largas entre comidas y que la sensibilidad de la hormona insulina puede mejorarse resultado.

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