¿En qué ha cambiado nuestra alimentación?

El cambio de la alimentación

El cambio de hábitos de vida se traduce en algunas ocasiones en el aumento del consumo de comida rápida y alimentos preparados. No es fácil ignorar todo tipo de sustancias que estimulan nuestras glándulas solo con pensarlas. Por eso, las empresas llaman nuestra atención añadiendo la palabra “dietético” o “light” a la etiqueta de sus alimentos. Hace un tiempo, saciábamos nuestra sed con agua, mientras que a día de hoy, bebidas azucaradas, refrescos, zumos o cervezas no faltan en ninguna casa.
El número de personas con sobrepeso y obesidad se encuentra en su máximo histórico, especialmente en aquellas personas que tratan de evitar los alimentos sin grasa. Es raro que no asistamos a un evento o fiesta en el que, al menos, no haya una persona que se siente “con demasiado peso”.

Muchos de nosotros somos conscientes de que algo ha ido mal con nuestra alimentación en los últimos tiempos. Mientras la comida preparada defina nuestros menús y el servicio de “take away” dicte nuestras comidas, seguiremos recordando nuestro sentimiento de culpabilidad. Estamos atrapados.

Los azúcares simples como los presentes en la miel, las galletas y las gominolas obstaculizan la pérdida de grasa del organismo. De hecho, estimulan la acumulación y depósito de las mismas.

 

Los alimentos se han convertido en productos para el bienestar

El gerente de una empresa alimentaria hace poco lo resumió muy bien: “nuestros productos no están destinados a satisfacer el hambre. Tienen el propósito de estimular el apetito.” Y la publicidad se encarga de ayudar al consumidor a sentirse bien después de consumir el producto. Podríamos decir que no existe ningún alimento preparado que no contenga potenciadores del sabor. Nos encanta el sabor dulce-salado, hemos crecido con él. De alguna manera, todo parece tener el mismo sabor. Es posible reconocer cuándo los ingredientes son de una calidad inferior conseguida por la magnífica industria alimentaria, pero aun así nos gusta. Actualmente se utiliza el diseño para todo, incluso para los alimentos. En consecuencia, las empresas comprometidas con ingredientes naturales y productos libres de aditivos, están experimentando una caída de los ingresos. La “patada” proporcionada por muchos aditivos es legal. Los estudios muestran que ciertas combinaciones de estos aditivos tienen un efecto similar a la serotonina (la hormona de la felicidad) en el cerebro. En este sentido la sensación de hambre es muy similar a la adicción física.

 

La publicidad define el sabor

De una forma u otra, estamos perdiendo nuestro sentido natural del sabor, y esto se aplica especialmente a los niños. Bajo la influencia de la publicidad, los niños desarrollan muy pronto un gusto por ciertos alimentos, por lo general poco saludables, alimentos artificiales. Esta publicidad alimentaria implican que el consumo de los productos promocionados contribuye a nuestro bienestar – estamos constantemente receptivos para consumir ciertos alimentos. Cuando, por ejemplo, se promueve el consumo de una barrita de cereales, que en principio podría ser “sana”, supuestamente nos proporciona la ración diaria de frutas, que nos lo digan de esta forma suena bastante inofensivo, ¿verdad?  Nos quieren hacer creer que estamos comiendo algo sano. Las cantidades poco saludables de grasa y azúcar sólo se mencionan en la letra pequeña, que la mayoría de los consumidores no se molestan en leer ya que confiamos en que sea un producto sano. Así, compramos incluso mayores cantidades de este  “perfecto” snack para comer entre comidas. Un estudio reciente presentado en televisión ha concluido que los snacks, bollerías y dulces representan el 25% de todos los alimentos anunciados por este medio. Por lo tanto, estos alimentos de moda no satisfacen nuestra hambre, pero sí que abren el apetito haciendo que no podamos dejar ni un solo trozo. Se trata de bombas de hidratos de carbono que podrían venirle bien a deportistas de resistencia, en todo caso, pero no al resto de la población que lo consumimos, que, además, llevamos una vida cada vez más sedentaria. Ricos en carbohidratos y bajo en grasa, la combinación perfecta de la industria alimentaria, pregonado por las campañas publicitarias de EE.UU.

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