¡El estrés nos engorda!

Aunque hay más hormonas involucradas cuando nos sentimos estresados, las principales son dos: la adrenalina y el cortisol.

Conocer cuál es su función y cómo nos afectan puede ayudarnos a comprender cómo afronta el estrés nuestro cuerpo. De esta manera, será más fácil controlarlo.

El estrés está ligado a nuestro instinto de supervivencia. Nuestro cuerpo está “programado” para reaccionar rápidamente ante situaciones peligrosas o de emergencia.

Este instinto se desarrolló en tiempos remotos de la humanidad, cuando vivíamos rodeados de depredadores y teníamos que afrontar innumerables peligros para sobrevivir en la Naturaleza.

Actualmente, mantenemos ese instinto, aunque nuestra vida no se parezca a la de aquellos antepasados. Por ejemplo, el cuerpo reacciona rápidamente para esquivar a un coche que se dirige hacia nosotros a toda velocidad o incluso cuando vivimos una situación laboral que nos desborda.

¿Cómo actúan las hormonas en situaciones de estrés?

La adrenalina se encarga de darnos ese impulso rápido que necesitamos. En cuestión de instantes, nuestra energía sube enormemente para ayudarnos a escapar del peligro. En el cuerpo produce los siguientes efectos:

  • La respiración se hace más rápida y aumenta la frecuencia cardíaca para que los músculos respondan más rápidamente.
  • Evita los coágulos. La sangre circula más rápidamente y más lejos de la piel.
  • Aleja la sangre del aparato digestivo, para evitar que haya vómitos.

¿Y qué sensaciones físicas experimentamos? Las más comunes:

  • Opresión en el pecho y/o palpitaciones.
  • Sudor frío.
  • Hormigueo o “mariposas” en el estómago.

El cortisol se ocupa de hacer que esa respuesta del cuerpo se ejecute durante todo el tiempo que dure la situación amenazante. Deja el cuerpo “en alerta“, preparado para reaccionar lo más rápido posible.

El estrés tiene su lado útil. Nos moviliza para resolver una situación determinada. Después, volvemos al equilibrio y ya está.

Sin embargo, imagínate el desgaste de energía que supone para el cuerpo vivir una situación de estrés prolongada. El desgaste y además otros desajustes… El exceso de adrenalina y cortisol liberados en sangre día tras día produce efectos perjudiciales como pueden ser:

  • Cansancio (o incluso extenuación).
  • Dolor físico.
  • Falta de concentración.
  • Problemas de memoria.
  • Ira y agresividad.
  • Problemas de sueño.

No sólo eso. A largo plazo, el cortisol puede producir efectos como los siguientes:

  • Debilitamiento del sistema inmunitario. Ejemplo: Nos refriaremos más veces de lo habitual.
  • Aumento de las alergias.
  • Empeoramiento del asma.
  • Sentimientos de fracaso, ansiedad y depresión.

La compleja relación entre el estrés y la obesidad

El estrés crónico es un factor de riesgo conocido para la obesidad, pero todavía no se ha establecido la dirección de la causalidad. Los niveles elevados de activación basal del sistema nervioso simpático han sido observados en los pacientes con trastornos metabólicos como la diabetes, que son comunes en los individuos obesos, y existe cierta evidencia que sugiere que la activación basal SNS (Sistema Nervioso Central) elevada puede ser predictiva de la obesidad.

Los efectos del estrés sobre el apetito y preferencias alimentarias varían entre los individuos, con algunas personas que experimentan un aumento de peso durante los períodos de estrés, mientras que otros informan de la reducción del apetito. El estado de peso antes de la aparición del estrés ha demostrado ser predictivo de la respuesta individual, con aquellos que ya padecían un exceso de peso poseyendo más probabilidades de experimentar aumento de peso que las personas sin sobrepeso. Las razones de esto no se entienden completamente todavía, pero se cree que pueden estar implicados los niveles elevados de insulina observados normalmente en individuos con sobrepeso y obesidad.

Las personas que aumentan de peso en respuesta al estrés suelen informar de ansia por “comidas reconfortantes” densas en calorías, que son altas en grasa y azúcar, y se sabe que actúan sobre los receptores opioides en el cerebro para inhibir las respuestas de estrés. Los estudios también han encontrado que los individuos sometidos a altos niveles de estrés tienden a picotear más, toman menos comidas principales y un menor número de porciones de verduras. También se ha observado la tendencia hacia una menor participación en el ejercicio físico, a pesar de que no está claro si un estilo de vida sedentario exacerba el estrés o si la tensión promueve la inactividad física.

La falta de conciencia al comer, también conocido como alimentación inconsciente o sin sentido, puede contribuir a la obesidad y está asociada con un estilo de vida estresante. El estrés en el trabajo, en particular, se vincula a un mayor consumo de comida rápida y a a hacerlo durante la realización de otras actividades (comida-tarea).

Tomarnos la vida con más calma es, por tanto, hacerle un bien a nuestra salud.

 Fuente: “Cortisol And Adrenaline. The Stress Hormones“.

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